Yo estaba llevando extraños recados y mensajes a algunas iglesias, luego de visitar la tercera, dejar el recado y salir de la misma, descendiendo muros al estilo parkour, y caminando por la noche aparece ella.
Pongamos por nombre... Gilberta.
No la veo desde 2005.
Tuvimos un intento de relación en 1997.
Volví a verla en 1999. Nos frecuentábamos para tener un poco de sexo.
La perdí de vista porque ella se hizo swinger, y se perdió en un mundo de vaya a saber qué.
Sin ton ni son me llamaba cada tanto para recordar viejas épocas.
Ella aparece y me toma del brazo.
Saludos de rigor.
Me dice: -Mirá, aprovechemos ahora, faltan cinco días para que venga, y más tarde podría ser peligroso.- Mientras me daba besos poco sutiles en el cuello.
Interpreté que se refería a su período. Pero me pareció una locura. Ni por todo el oro del mundo tendría sexo sin protección.
Le pregunto jocosamente: -¿Qué te pasó que caiste así de repente, te falló el plan A, el plan B y el plan C?-contra todo lo previsible, no se enojó.
Seguimos caminando.
Le pregunto: -¿Está bien con la hora y media del telo tradicional o preferís un apart hotel y que no nos molesten por la hora?
Se quedó pensativa, mientras caminábamos hacia el hotel que estaba cruzando la plaza, mientras hacía cuentas de cuanto dinero había retirado del cajero automático unos días antes.
El hotel parecía un castillo inflable gigante, con tonos de iluminación en degradé y predominántemente rojos.
Estamos a punto de ingresar al hotel.
No recuerdo más.
sábado 15 de noviembre de 2008
domingo 5 de octubre de 2008
Yendo a orinar en el baño de una confitería tradicional.
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Sabía que estuve haciendo cosas antes de pararme en la vereda frente a la confitería.
La fachada era blanca, similar a la de la confitería Las Violetas. Un edificio de no más de 1920.
Estaba con alguien más, a quien no recuerdo. Le dije "ya vengo".
Entro a la confitería, y me paro frente a un mozo que me aguardaba con mirada interrogante.
-"¿Los sanitarios?"-Pregunto.
-Los sanitarios. Bah.-me responde con tono despectivo- y me señala hacia atrás.
Subo unas escaleras de mármol negro, muy parecidas a las de Ministerio de Economía, y llego al primer piso.
Entro en el baño de caballeros. El piso era de baldosas blancas y negras dispuestas a modo de damero.
Me acerco al mingitorio, y lo observo. Tenía forma de una cala, pero era de bronce. Colocado sobre un pedestal de bronce.
En la base del Pedestal decía "Y2K".
Comienzo a orinar en el, notando que se mueve y cambia el ángulo de recepción de la cala del mingitorio. Debo alejarme para orinar dentro del receptáculo.
Me alejo casi dos metros y orino con fuerza para que todo caiga dentro.
En el sueño recordé que la situación me hizo acordar a los juegos de los parques de diversiones, donde hay que embocar líquido dentro de un recipiente.
Luego de eso, las ganas de orinar me despertaron.
No me hice encima, no sean mal pensados.
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Sabía que estuve haciendo cosas antes de pararme en la vereda frente a la confitería.
La fachada era blanca, similar a la de la confitería Las Violetas. Un edificio de no más de 1920.
Estaba con alguien más, a quien no recuerdo. Le dije "ya vengo".
Entro a la confitería, y me paro frente a un mozo que me aguardaba con mirada interrogante.
-"¿Los sanitarios?"-Pregunto.
-Los sanitarios. Bah.-me responde con tono despectivo- y me señala hacia atrás.
Subo unas escaleras de mármol negro, muy parecidas a las de Ministerio de Economía, y llego al primer piso.
Entro en el baño de caballeros. El piso era de baldosas blancas y negras dispuestas a modo de damero.
Me acerco al mingitorio, y lo observo. Tenía forma de una cala, pero era de bronce. Colocado sobre un pedestal de bronce.
En la base del Pedestal decía "Y2K".
Comienzo a orinar en el, notando que se mueve y cambia el ángulo de recepción de la cala del mingitorio. Debo alejarme para orinar dentro del receptáculo.
Me alejo casi dos metros y orino con fuerza para que todo caiga dentro.
En el sueño recordé que la situación me hizo acordar a los juegos de los parques de diversiones, donde hay que embocar líquido dentro de un recipiente.
Luego de eso, las ganas de orinar me despertaron.
No me hice encima, no sean mal pensados.
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miércoles 27 de agosto de 2008
Fernández Tercera Parte.
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Hoy se me apareció en sueños Fernández, en verdad ya es la quinta vez que aparece.
Estaba sentado al lado de mi cama, yo dormía mirando hacia fuera.
El comienza a gemir, con llantitos cortos, como cuando quería salir.
Logró despertarme.
9 a.m.
En punto para tomar mi antibiótico por la gripe innecesaria que tengo.
Pareciera que me sigue cuidando.
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Hoy se me apareció en sueños Fernández, en verdad ya es la quinta vez que aparece.
Estaba sentado al lado de mi cama, yo dormía mirando hacia fuera.
El comienza a gemir, con llantitos cortos, como cuando quería salir.
Logró despertarme.
9 a.m.
En punto para tomar mi antibiótico por la gripe innecesaria que tengo.
Pareciera que me sigue cuidando.
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domingo 24 de agosto de 2008
Fernández bis.
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Esto lo soñé hace 5 o 6 horas, y quiero anotarlo antes de que olvide todo.
Recuerdo que esa etapa del sueño, venía de otra etapa, donde lo único que recuerdo eran barcos hundidos en un muelle, algo así como un cementerio de barcos.
Estábamos un grupo de personas, que reconocí como amigos de la familia, en casa del que sería un primo mío, con aparentes serios problemas mentales, al que jamás traté directamente, sólo lo vi una vez, y al que conocí sólo por los dichos de mi madre acerca de su mala conducta para con ella y para con mi tía.
Desde dentro de la casa, se escuchaban los gritos de mi primo, al que vi fugazmente, aunque el físico y los rasgos no coincidían en absoluto con la persona que vi hace 12 años.
Estábamos en la entrada de la casa, y Fernández paseaba por allí, lo llamé varias veces, acudió a mi llamado, pero a pocos momentos de estar junto a mí, seguía caminando por los alrededores.
Tuvimos contacto físico, le acariciaba la cabeza, lo atraía hacia mí tomándolo por la caja torácica, pero él seguía haciendo la suya, lo que me preocupaba, porque el ambiente se ponía cada vez más tenso.
Me llamaba la atención que él parecía comprender lo que le decía, hasta que comprendió, entre tantas idas y vueltas, que era mejor alejarse y "volver", aunque no sé realmente volver dónde o a qué.
Entonces, cuando logro apartarlo del conjunto de personas, Fernández se transforma en un gato atigrado, igual que Garfield (TM), sin embargo "seguía siendo" Fernández.
Entonces le digo.
- Hacé caca, dale.
- Dale, ¡au! -me responde- mientras se coloca en posición para defecar.
No recuerdo más.
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Esto lo soñé hace 5 o 6 horas, y quiero anotarlo antes de que olvide todo.
Recuerdo que esa etapa del sueño, venía de otra etapa, donde lo único que recuerdo eran barcos hundidos en un muelle, algo así como un cementerio de barcos.
Estábamos un grupo de personas, que reconocí como amigos de la familia, en casa del que sería un primo mío, con aparentes serios problemas mentales, al que jamás traté directamente, sólo lo vi una vez, y al que conocí sólo por los dichos de mi madre acerca de su mala conducta para con ella y para con mi tía.
Desde dentro de la casa, se escuchaban los gritos de mi primo, al que vi fugazmente, aunque el físico y los rasgos no coincidían en absoluto con la persona que vi hace 12 años.
Estábamos en la entrada de la casa, y Fernández paseaba por allí, lo llamé varias veces, acudió a mi llamado, pero a pocos momentos de estar junto a mí, seguía caminando por los alrededores.
Tuvimos contacto físico, le acariciaba la cabeza, lo atraía hacia mí tomándolo por la caja torácica, pero él seguía haciendo la suya, lo que me preocupaba, porque el ambiente se ponía cada vez más tenso.
Me llamaba la atención que él parecía comprender lo que le decía, hasta que comprendió, entre tantas idas y vueltas, que era mejor alejarse y "volver", aunque no sé realmente volver dónde o a qué.
Entonces, cuando logro apartarlo del conjunto de personas, Fernández se transforma en un gato atigrado, igual que Garfield (TM), sin embargo "seguía siendo" Fernández.
Entonces le digo.
- Hacé caca, dale.
- Dale, ¡au! -me responde- mientras se coloca en posición para defecar.
No recuerdo más.
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jueves 21 de agosto de 2008
Fernández
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Es la segunda vez que sueño con él luego de su desaparición física.
Estaba en algo así como un jardín con arbustos de diseño formando una especie de camino laberíntico de una altura no mayor a 80 cm, también había bancos de piedra.
Recuerdo que el color era predominantemente "verde pastel sucio", sabía que el banco era de piedra, más por la textura simil calcárea, que por el color, todo en la misma gama.
Los arbustos no presentaban mayor detalle.
Estaba yo sentado en uno de esos bancos de piedra, cuando se presenta Fernández frente a mí.
Sus ojos estaban hinchados, entonces tomo su cabeza, mientras me miraba y presiono en uno de sus ojos desde atrás hacia delante.
Del ojo que presioné, el izquierdo, se desprendió prolijamente un rectángulo plano, de pocos centímetros de espesor, también "verde pastel sucio", con una textura similar a la del picadillo de carne, al separarlo con el cuchillo de la lata antes de untarlo.
Debajo de tal desprendimiento, estaba el ojo de Fernández, pero verde, cosa imposible porque eran marrones.
Era extraño ver esos ojos, parecían reflejar paz, y me llamaba la atención la continuidad en todo del color "verde pastel sucio", inclusive en sus ojos.
Yo me asusté por eso que le salía del ojo, y estaba preocupado por el color desteñido de los ojos, que me hizo temer que le provocara problemas en la vista.
En ese momento, un cúmulo de sensaciones me abrumó.
Sumada la preocupación por sus probables problemas de vista, y lo que le salió del ojo, recordé que estaba muerto, a lo que se sumó esa tristeza y la alegría de volverlo a ver.
Y en el sueño lloré.
Mucho.
Mucho más de lo que lo lloré conscientemente, casi a los gritos.
Al despertar, la almohada estaba empapada, así que seguramente lloré de verdad. No quise preguntar en casa si me oyeron.
Fernández no mostraba ninguna tristeza, sin embargo yo seguía preocupado.
Mi preocupación fue tal que me puse a revolver unas cosas que había allí, algunos papeles y chucherías indescriptibles. Estaba buscando la tarjeta del veterinario que le practicó eutanasia.
Buscaba desesperadamente esa tarjeta, para llamarlo por teléfono y preguntarle que era eso que le había salido del ojo, si era grave.
Luego de buscar como loco, mi vieja, que estaba por allí, me puso una mano en una muñeca, y me dijo que estaba bien, que era suficiente.
Entonces me calmé. Me dí cuenta que todo era demasiado para procesarlo.
Me relajé y lo acepté como un sueño, aunque no lo haya pensado con el concepto de estas palabras que estoy escribiendo.
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Es la segunda vez que sueño con él luego de su desaparición física.
Estaba en algo así como un jardín con arbustos de diseño formando una especie de camino laberíntico de una altura no mayor a 80 cm, también había bancos de piedra.
Recuerdo que el color era predominantemente "verde pastel sucio", sabía que el banco era de piedra, más por la textura simil calcárea, que por el color, todo en la misma gama.
Los arbustos no presentaban mayor detalle.
Estaba yo sentado en uno de esos bancos de piedra, cuando se presenta Fernández frente a mí.
Sus ojos estaban hinchados, entonces tomo su cabeza, mientras me miraba y presiono en uno de sus ojos desde atrás hacia delante.
Del ojo que presioné, el izquierdo, se desprendió prolijamente un rectángulo plano, de pocos centímetros de espesor, también "verde pastel sucio", con una textura similar a la del picadillo de carne, al separarlo con el cuchillo de la lata antes de untarlo.
Debajo de tal desprendimiento, estaba el ojo de Fernández, pero verde, cosa imposible porque eran marrones.
Era extraño ver esos ojos, parecían reflejar paz, y me llamaba la atención la continuidad en todo del color "verde pastel sucio", inclusive en sus ojos.
Yo me asusté por eso que le salía del ojo, y estaba preocupado por el color desteñido de los ojos, que me hizo temer que le provocara problemas en la vista.
En ese momento, un cúmulo de sensaciones me abrumó.
Sumada la preocupación por sus probables problemas de vista, y lo que le salió del ojo, recordé que estaba muerto, a lo que se sumó esa tristeza y la alegría de volverlo a ver.
Y en el sueño lloré.
Mucho.
Mucho más de lo que lo lloré conscientemente, casi a los gritos.
Al despertar, la almohada estaba empapada, así que seguramente lloré de verdad. No quise preguntar en casa si me oyeron.
Fernández no mostraba ninguna tristeza, sin embargo yo seguía preocupado.
Mi preocupación fue tal que me puse a revolver unas cosas que había allí, algunos papeles y chucherías indescriptibles. Estaba buscando la tarjeta del veterinario que le practicó eutanasia.
Buscaba desesperadamente esa tarjeta, para llamarlo por teléfono y preguntarle que era eso que le había salido del ojo, si era grave.
Luego de buscar como loco, mi vieja, que estaba por allí, me puso una mano en una muñeca, y me dijo que estaba bien, que era suficiente.
Entonces me calmé. Me dí cuenta que todo era demasiado para procesarlo.
Me relajé y lo acepté como un sueño, aunque no lo haya pensado con el concepto de estas palabras que estoy escribiendo.
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sábado 31 de mayo de 2008
De fotocopiadoras.
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Soñé que me subía a un tren. Los detalles de la estación no están presentes e intentar recordarlos deformaría lo que me quedó del sueño.
Una vez dentro del tren, supe que tenía que ir a sacar fotocopias, pero la máquina fotocopiadora esa distinta a todos los modelos existentes.
Las bandejas de salida de las hojas fotocopiadas estaban en tándem, una junto a la otra.
Lo particular es que a cada copia expulsada por la máquina correspondía una bandeja, es decir que para recoger el producto terminado, tendría que recorrer la máquina en toda su extensión, retirando una por una las hojas de cada bandeja. ¿Poco práctico, verdad? Al menos serviría para hacer ejercicio, ya que habría que caminar un poco.
No recuerdo la cantidad de bandejas en total, ya que las veía en perspectiva. Calculo su número en 20.
Introduzco en la máquina el original a fotocopiar, y me doy cuenta, una vez iniciado el proceso, que casi no tenía papel.
A la sexta hoja se detuvo. La tercera salió a medias, al menos eso creo, no sé si se dobló o se cortó. La sexta copia salió mordida, ya que la máquina al expulsarla le arrancó el extremo inferior derecho.
Voy a buscar papel para seguir copiando, pero nunca seguiré copiando ya que el sueño derivó en otras cosas, que casi no recuerdo y el sueño, a partir de aquí se trasnformó en un quilombo inenarrable o muy difícil de narrar. Por ejemplo, la estructura del tren adoptó una altura similar a la de una casona vieja, de tres pisos, pintada de naranja-salmón.
Saludos.
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Soñé que me subía a un tren. Los detalles de la estación no están presentes e intentar recordarlos deformaría lo que me quedó del sueño.
Una vez dentro del tren, supe que tenía que ir a sacar fotocopias, pero la máquina fotocopiadora esa distinta a todos los modelos existentes.
Las bandejas de salida de las hojas fotocopiadas estaban en tándem, una junto a la otra.
Lo particular es que a cada copia expulsada por la máquina correspondía una bandeja, es decir que para recoger el producto terminado, tendría que recorrer la máquina en toda su extensión, retirando una por una las hojas de cada bandeja. ¿Poco práctico, verdad? Al menos serviría para hacer ejercicio, ya que habría que caminar un poco.
No recuerdo la cantidad de bandejas en total, ya que las veía en perspectiva. Calculo su número en 20.
Introduzco en la máquina el original a fotocopiar, y me doy cuenta, una vez iniciado el proceso, que casi no tenía papel.
A la sexta hoja se detuvo. La tercera salió a medias, al menos eso creo, no sé si se dobló o se cortó. La sexta copia salió mordida, ya que la máquina al expulsarla le arrancó el extremo inferior derecho.
Voy a buscar papel para seguir copiando, pero nunca seguiré copiando ya que el sueño derivó en otras cosas, que casi no recuerdo y el sueño, a partir de aquí se trasnformó en un quilombo inenarrable o muy difícil de narrar. Por ejemplo, la estructura del tren adoptó una altura similar a la de una casona vieja, de tres pisos, pintada de naranja-salmón.
Saludos.
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martes 13 de mayo de 2008
Sillas con ruedas.
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Otro de mis sueños repetitivos, es uno de tantos en los que me encuentro en una silla de oficina negra, con rueditas, y me desplazo por espacios abiertos, casi siempre calles de la ciudad, incluso puedo desplazarme en contra-pendiente.
Era un sueño que tenía casi olvidado, hasta que el domingo a la noche vi el programa de Andy K., en el que hace una publicidad de banda ancha inalámbrica, en la que se desplaza por la ciudad en una silla de oficina con ruedas.
En estos sueños, sé que tengo un propósito determinado, de allí mi necesidad de desplazarme.
A veces la finalidad que me impulsa se desvanece, y sigo andando, esperando recordarla.
Otras veces la finalidad que me impulsa pasa a segundo plano, y me distraigo de ella, temporariamente, o definitivamente.
Para desplazarme, me impulso con mis piernas, y el impulso es muy grande en el resultado, comparado con la "fuerza" que empleo en el.
A veces impulsándome una vez, logro recorrer casi una cuadra.
La dirección es casi perfectamente alineada hacia el lugar en que proyecto el impulso y muy pocas veces he debido corregir la trayectoria.
Es un sueño que recuerdo haber tenido hace 7 años, y se ha repetido varias veces.
La verdad, es un excelente medio de transporte.
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Otro de mis sueños repetitivos, es uno de tantos en los que me encuentro en una silla de oficina negra, con rueditas, y me desplazo por espacios abiertos, casi siempre calles de la ciudad, incluso puedo desplazarme en contra-pendiente.
Era un sueño que tenía casi olvidado, hasta que el domingo a la noche vi el programa de Andy K., en el que hace una publicidad de banda ancha inalámbrica, en la que se desplaza por la ciudad en una silla de oficina con ruedas.
En estos sueños, sé que tengo un propósito determinado, de allí mi necesidad de desplazarme.
A veces la finalidad que me impulsa se desvanece, y sigo andando, esperando recordarla.
Otras veces la finalidad que me impulsa pasa a segundo plano, y me distraigo de ella, temporariamente, o definitivamente.
Para desplazarme, me impulso con mis piernas, y el impulso es muy grande en el resultado, comparado con la "fuerza" que empleo en el.
A veces impulsándome una vez, logro recorrer casi una cuadra.
La dirección es casi perfectamente alineada hacia el lugar en que proyecto el impulso y muy pocas veces he debido corregir la trayectoria.
Es un sueño que recuerdo haber tenido hace 7 años, y se ha repetido varias veces.
La verdad, es un excelente medio de transporte.
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